Hola

Quiero daros la bienvenida a todos los que estáis aterrizando en el Reino de la Mermelada por primera vez. Esta es una ventana abierta a través de la que podéis asomaros a lo que es mi día a día. Si llegáis aquí buscando respuestas o información sobre la leucemia infantil, que sepáis que las respuestas están en vosotros mismos, yo sólo puedo compartir las mías. Agarraos fuerte que vienen curvas.

sábado, 28 de septiembre de 2013

El corazón partío (III)

Cojo la foto de mi abuela y decido que voy a hacer copias, me gustaría quedarme con la original pero quizás lo mejor es que la tengan sus hijos.
Bajo las escaleras y entro al salón.
El calor de fuera no traspasa los enormes muros de la casa que dejan unos poyos en los huecos de las ventanas que te permiten sentarte a mirar el patio.
En el salón hay pocos cambios, sólo las fotos que no están, las mías, las de mi hermano y las de algunos de mis primos han desaparecido, supongo que mi madre y mi tía se las llevarían.
El viejo cuadro con la representación de "La última cena" sigue enfocando la mesa, flanqueado por dos platos de cerámica de Talavera.
En la pared del fondo, en los dos extremos surgen dos puertas, a la izquierda la de la cocina, a la derecha el baño.

Cuando yo era muy niña, detrás de la librería que ahora está entre esas puertas había una única que daba acceso a una habitación grande, la habitación en la que nacieron mi madre y mis tíos, pero la casa se reformó hace más de treinta años.
Al entrar en la cocina recuerdo otra de las actividades fijas de cada verano, limpiar los azulejos. Había dos barreños, dos gamuzas y un paño de secar, primero se limpiaba con el agua jabonosa, luego se aclaraba con el agua con una gota de amoniaco y finalmente se secaba. Era así y no podía ser de ninguna otra manera. Con el baño pasaba igual.
En el pequeño cajón de la mesa de la cocina está el tenedor de puntas desgastadísimas que mi abuela usaba para cocinar.

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